29/05/2020- 13:00:00

Confinados en la Petxina


Después de haber superado la parte más difícil del confinamiento, parte de las personas que se albergaban en la residencia han sido acogidas en diversos albergues municipales para así alojar en ésta a las que dormían en el pabellón, el cual ya está preparado para la nueva normalidad deportiva

 

 

Ante la publicación del Real Decreto de estado de alarma, que comportaba un confinamiento en un espacio cerrado y una limitación de la libertad de movimiento, las personas sin hogar “fueron triplemente vulnerables”, declara Cesar Marí, responsable de Asuntos Sociales del Ayuntamiento de València, ya que no podían quedarse en casa, ni para prevenir, ni para pasar la enfermedad porque no tenían casa. Tampoco podían seguir una medida tan básica como lavarse las manos porque “no tienen agua, no pueden mantener ninguna medida de higiene”, continúa Marí, así como tampoco tenían forma de avisar a ninguna autoridad sanitaria al mínimo síntoma.

Por este motivo, la residencia de deportistas de élite del Complejo Deportivo y Cultural la Petxina, se habilitó para albergar a 45 personas, dejando 4 habitaciones aisladas para posibles contagios. Así mismo, con la ayuda del ejército, se habilitó, con 50 camas -cinco de las cuales se reservaron para casos positivos por coronavirus-, la pista de básquet, situada encima de la piscina de este Complejo, gestionada por la FNCV.

Las primeras persones que llegaron al Complejo pasaron del pabellón a la residencia deportiva hace un mes aproximadamente para que éste pudiera albergar a otras 45 personas. En el caso de Ernesto Crespo, inmigrante originario de Cuba, fue la policía local la que le recomendó acudir directamente tras quedarse sin vivienda y sin trabajo. Le acomodaron una cama arriba de la piscina, no sin antes ser atendido por el SAUS (Servicio de Atención a las Urgencias Sociales) y de realizarle la prueba del coronavirus. Al poco tiempo, le trajeron a la residencia. “Afortunadamente, no hemos tenido ningún caso de coronavirus. Hemos sido bastante estrictos”, comenta el responsable municipal en referencia a las adaptaciones para cumplir con todos los requisitos necesarios del protocolo de sanidad y sus posteriores mejoras de prevención.

El SAUS se ha encargado desde el principio de esta cuarentena de la atención social en los espacios habilitados como albergues, tratando de proporcionar toda la asistencia para cubrir necesidades básicas, como alimentación y aseo con kits propios. “También hemos cubierto toda la parte de trabajo social y atención psicológica dentro de las posibilidades de intervención”, menciona la coordinadora, Alba González, además de las funciones de medicina general y mental. Según González, “algunas personas han tenido que ser expulsadas debido a la patología mental y la falta de control, pero son casos menores” en que se ha tenido que avisar al cuerpo de policía y al 112.

Por otra parte, algunas de las personas albergadas llevaban mal estar recluidas de esta forma y han abandonado la residencia voluntariamente, ya que no les está permitido salir para evitar contagios, una situación que, a pesar de todo, y según admite la coordinadora del SAUS, se ha interiorizado “bastante bien” gracias a las charlas informativas recibidas por el Ayuntamiento y la Policía Local de València.

“Son personas maravillosas y la ayuda la cogen de una manera increíble”, reconoce la coordinadora. Como en el caso de Eloy Llorente, un leonés que estuvo confinado en el Complejo Deportivo y Cultural la Petxina desde el pasado 5 de mayo, que admite que le gustaría haber pasado la cuarentena en su casa, “pero de lo malo, malo… yo me veía por ahí, tirado en la calle. Pensaba que esto era mi final” después de que cancelaran el vuelo València-Luxemburgo, donde trabaja desde hace 5 años como jefe de un grupo en una empresa de excavaciones, y tuviera que quedarse a dormir en la estación de autobuses valenciana al no encontrar ningún alojamiento abierto. A la mañana siguiente, y a petición de la Policía Local, se dirigió a la Petxina, donde recibió información y alojamiento.

Entre las rutinas seguidas por Llorente, desde ese día, y el resto de confinados en el Complejo, se encuentran la toma de la temperatura a cada residente a primera y a última hora del día, así como el reparto de medicación pertinente a cada uno por parte de los voluntarios de Protección Civil. Después de cada comida, realizaban distintas actividades en la planta baja común del Complejo dentro de la posible variedad de éstas en un espacio cerrado: leer, relacionarse, jugar a juegos de mesa, al fútbol, practicar yoga, entre otras. “En esta cuarentena, aunque estés en tu casa, poco más puedes hacer”, reconoce el leonés.

El tema de la alimentación corría a cargo de un voluntario de lujo: Javier Andrés, cocinero valenciano de renombre y propietario de 'La Sucursal', ha estado trayendo la comida y la cena desde el primer día de confinamiento. Gracias al empeño puesto por mejorar la salud de las personas confinadas en la Petxina, la mayor parte de ellas ha ganado peso y les ha cambiado el humor. En otros casos es aún más notable la mejora: “me acuerdo de ver entrar a un señor con andador y ahora caminar sin”, comenta Marí.

“El hecho de poder ducharse todos los días, levantarse y tener su desayuno, el catering… Son cosas muy básicas que este perfil de población no tiene”. A estas carencias en la vida de la gente sin hogar, enumeradas por la coordinadora del SAUS, el responsable municipal de Asuntos Sociales añade otras: “Las persones de la calle están en una situación de alerta permanente por si les roban o agreden… Eso no es bueno para la salud”, como tampoco lo son las incomodidades por los cambios meteorológicos.

Actualmente, al haber superado la parte más difícil de la pandemia y del confinamiento, la situación de Eloy Llorente se ha regularizado y ha podido volver a trabajar a Luxemburgo, mientras que parte de las otras personas que se albergaban en la residencia se han podido alojar en diversos albergues municipales para así albergar en ésta a Ernesto Crespo y al resto de gente que dormía en el pabellón, el cual se encuentra vacío desde hace dos semanas.

Desde ese momento, los efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) han trabajado a conciencia en la desinfección del edificio entero con mochilas difusoras de hipoclorito al 0,5%, el cual distribuyen de manera homogénea. Durante la desinfección, las ventanas han permanecido cerradas permaneciendo para que fuera aún más afectiva la actuación del producto.

Tras seguir estrictamente el procedimiento, que comportaba un cierre total del pabellón durante dos días, se han abierto las ventanas para lograr una correcta ventilación y la instalación deportiva, donde se ubica la piscina, está más que preparada para dar servicio de nuevo a los usuarios que quieran retomar la práctica deportiva.

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